– Ahora mismo lo apago y me quedo hablando contigo.

– Ahora mismo, si. Ahora mismo. Cada día igual. Al menos podrías mirarme cuando me hablas, ¡siempre con la cabeza pegada a ese aparato! Cuando yo tenía tu edad, las noches eran para la familia. Nos sentábamos alrededor de la mesa y conversábamos.
Con-ver-sar.

(Hace una pausa)

– ¿Recuerdas que…

– ¡Abuelo! Que no me entero de nada si me estás dando la charla.

– Y no se interrumpe a los mayores, ¡pero qué os enseñarán en ese colegio! Como te decía, ¿recuerdas que el mes pasado fuimos a la finca del tito Vicente? Me fijé en cómo mirabas a la yegua blanca, yo creo que sería una buena montura y…

– Calla un minuto, me falta para la quiniela el resultado del Atlético Aviación y ahora al final del Parte lo dirán.

– ¡Maldito transistor! Ya no puedo ni hablar con mi nieto.