Y lo peor de todo es que luego nos entierran junto a nuestros enemigos blancos en la misma caja. Ya lo dice el Ama, que la muerte nos iguala. Muere el rico y muere el pobre, y el putero y la beata. Y así estamos entre tanto, saltando de cama en cama, guerreando en batallas de almohada. Mientras el látex aguante, golpeando a látigo, castigando al sátiro, bañando nuestro cuerpo en su orgiástica salsa, rezumando aquel sudor, de rabia, lujuria y espanto.

Cuero negro, cuero blanco, en cajas de metacrilato. En el fondo del armario, junto a una máscara y a un pintalabios. Sácame a pasear, mi amor. Llévame al lupanar, querida. Dime cuánto me va a gustar y luego me llevaré tu vida.