A ver si cascas de una vez, mi querida duquesa. Así, tal vez algún día lo escriba:

¡Hasta nunca maldita hipoteca!

Maldita salud de hierro tuya, tendré que hacerlo yo, pensaré un plan. La sencillez es la clave, una simple caída tras el desayuno. No se, la ejecución siempre es de madrugada.

En ocasiones me ruborizo imaginándome al volver de tu funeral: saltando, brincando y riendo ¡La fiesta acabando de empezar! Me veo ya en el Sálvame, será espectacular la entrevista.

Lástima que en el fondo te hagas querer, así que quedará esto sólo como lápiz sobre papel, esperando este relato. Porque a pesar de todo, quiero llegar a ser tu mejor ángel de la guarda. Toda una paradoja.