Quiero llegar a ser el mejor ángel de la guarda, así debe empezar el cuento. ¡Qué queréis que os diga! Yo no lo veo claro, ese fondo de competitividad que se adivina en la frase, no es propia de un ser alado creado por Dios, libre de todo mal en su celestial existencia. Eso me bloquea. Un querubín así pensante, expresa un anhelo muy alejado de la razón de ser del compañero fiel, dedicado a obtener la felicidad de su protegido y desprovisto de otra ambición propia.

La única salida, pues, es que no sea un ángel. Tal vez un infiltrado enviado por el mismo Satanás, ideando el plan para ganarse la aprobación de los arcángeles, mientras secretamente conspira para traer a este mundo el reino de oscuridad de su señor; o puede que el mismo Lucifer, el ángel perfecto y hermoso que fue, antes de que su soberbia enojase a sus mentores y provocase la mayor guerra que han visto los cielos.

Sí, ese es buen argumento para un relato. Tal vez algún día lo escriba.