Y así quedó el lápiz sobre el papel, esperando este relato. Y así quedó tu último adiós, huérfano y sin ser llorado. Sobrecogida el alma, paralizado el cuerpo. Zombi, inerte, ahogado en una desdicha por nadie aventurada. Se perdió en el recuerdo una historia, que hubiera necesitado ser contada, que por demasiado grande, no tuvo cabida en este espacio, que por tan real, colmó de angustia al escritor, quien debía sellarla.

Acostumbrado a relatar vidas ajenas, no tuvo hoy el papel quien le hablara y le mimara, y quedaste tú plantada, mirando a un memo frío, callado y solitario, esperando el avance de un guión que no avanzaba, esperando el desenlace de una historia ya acabada.