Toda una paradoja, tú y tus maldades… Con la maña con que te desenvuelves localizando el punto g, y lo canalla que eres fuera de ese entorno.

Si de verdad me quisieras, no habría licor en el mundo suficiente, para calmar tu sed de mi, ni perfume capaz de tapar, el recuerdo en tu memoria de nuestras noches sin fin. Ni esparadrapo negro, para cubrir ese corazón marchito que tienes.

Y luego una caricia, y vuelvo a vibrar… hijo de puta.